Empieza siempre con la pestaña limpia y seca. Si has aplicado crema o maquillaje en la zona, asegúrate de que no haya residuos grasos, porque eso hace que la máscara no se adhiera bien y pierda duración. Al sacar el cepillo del envase, evita bombearlo dentro del tubo, porque eso introduce aire y seca la fórmula. En su lugar, gíralo suavemente. Si ves demasiado producto, retira el exceso en el borde del envase: trabajar con menos cantidad al principio te dará más control.
La clave está en la raíz. Coloca el cepillo lo más pegado posible a la raíz de las pestañas, y ahí empieza el movimiento más importante: el zig zag. Este movimiento lateral, de un lado a otro mientras asciendes, permite que el producto se deposite bien en la base, creando efecto de mayor densidad.
Mientras haces ese zig zag, ve deslizando el cepillo hacia arriba con suavidad. La idea es “peinar” la pestaña desde la raíz hasta aproximadamente tres cuartos de su longitud. Evita cargar demasiado la punta. Si depositas mucho producto en las puntas, estas se vuelven pesadas, pierden la curvatura y con el paso de las horas tienden a caer, dando un efecto de mirada cansada. Por eso, al llegar a la parte final, pasa el cepillo de forma muy ligerao incluso casi sin añadir producto extra.
En resumen, el resultado ideal depende de tres claves: trabajar bien la raíz con el movimiento en zig zag para aportar densidad, y evitar cargar las puntas para que las pestañas no pierdan su forma ni se caigan con el paso de las horas y asegurarte que maquillas en una pestaña completamente limpia.